31 de mayo de 2005

Para lo que viene

Qué días estos. Qué será de los que vienen...

Hace un par de minutos, un niño de primer año básico aprendió la resta sin reserva. Se enreda un poco con los dedos todavía, pero le salen los ejercicios. En cinco años más será asombrosa su manera de aplicar las tablas a ejercicios complicados para el resto de la clase, y le llevarán a concursos. Por eso mismo, una Universidad le dará una oportunidad de compartir con otros niños talentosos, de enseñanza básica. Y cuando salga del Colegio, estudiará Informática en la quinta región, en donde desarrollará los primeros multi-procesadores chilenos de alto rendimiento.

Y tres salas más allá, una niña menudita de tercero básico, hace composiciones maravillosas, que le toca leer los lunes en público. Ella sabía leer antes de entrar al colegio. Y aunque en su escuela es muy callada, cuando está con sus familiares, los fines de semana, sorprende con ingeniosos comentarios "de grande". En la Universidad cambiará de carrera dos veces, hasta salir de Ciencias Políticas para irse a estudiar a Francia, y luego desempeñarse como diplomática en Australia.

Hace cuatro días, un joven de octavo básico descubrió que le fascinaba la Historia de Chile. Ahora sólo quiere encontrar material de lectura y devorarlo (eso le facilitará ganar el Premio Nacional de Literatura, en veintidós años más, siendo uno de los más jóvenes ganadores). Una semana antes, su hermano mayor, de dieciocho años, acababa de dar su examen de conducción. Ahora saldrá en el automóvil de su tío, para ir al preuniversitario, en donde conocerá (faltan siete días para ello) a la mujer de su vida.

El día diez de este mes, dos matrimonios se reunieron en un café, en el centro de Talca. Amigos del trabajo, los maridos respectivos estudiaron en un Liceo Politécnico, y se ven desde ese entonces. Ahora, con treinta y cuatro años cada uno, no saben que es la penúltima vez que se verán antes de que uno de ellos deje viuda a su mujer. El otro, el que vivirá, estará en terapia por tres años, hasta que a los cuarenta conozca a su primer nieto. Su esposa le regalará un viaje a Cuba.

El día dos de mayo, cansado de marchar el día antes, un hombre de cincuenta y ocho años, recuerda con nostalgia a un amigo con el que se reunía en la sede sindical de Iquique por esas mismas fechas, pero hace cuarenta años. Ese amigo, el '68, fue a Lota a una reunión nacional, de trabajadores y estudiantes, y se enamoró de una mujer hija de mineros. Todavía se escriben cartas. Sobrevivieron los tiempos duros, y piensan reencontrarse en Concepción antes de que el mes termine. Eso será en dos horas más. Está nervioso ahora, viendo como el mes se escapa, y el invierno del sur le muestra un frío al que está poco acostumbrado. Piensa que tiembla por eso, por el viento helado o por la lluvia que viene. Pero en realidad le cuesta (incluso ahora, que todavía falta un rato) contener la emoción y la alegría.

Noticias de Mayo. Las horas corren para todos.

Ricardo I.

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