24 de agosto de 2005

Salir de ahí

Cuando encuentras el acorde preciso, sabes que la melodía funcionará a pesar de cualquier opinión. Porque en realidad, la línea se improvisa. El compás siguiente no lo damos nosotros, lo va pidiendo el tiempo y el camino.

Para que la música que (nos) importa sea realmente venturosa, profecía de momentos más plenos o hermosos, tiene que nacer. Y para eso, palpitar y dar fuerzas. Tiene que salir de ahí, del corazón, para que no se estanque. Tiene que salir de ahí, del miedo o la alegría, de la esperanza o la tristeza, para que se haga vuelo radical o suavísima expresión de lo que susurra nuestra alma.

Para cantar y bailar. Para que la danza continúe.

Ricardo I.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Rabia

Tengo rabia. Tengo la rabia larga y la alegría del comienzo. Y lloro de ver a mi padre temer y de ver a mi madre entrever. Porque la rab...